Buscar este blog

Visitante Indeseable


―El día que estuve en la luna, fue uno de esos tantos días que me fui a dormir con la sensación de estar ya entre dos mundos. «Otraocy me narraba aquello con una normalidad pasmosa. Todo mi cognitivo se debatía en una enorme disyuntiva; pues al percibir en ella tanta certeza, danzaban en mi cabeza dos preguntas: ¿Es ella muy rara? O, ¿Soy rara yo por no creerle? Pero… ¿Por qué no creerle? Sólo sabemos aquí lo que nos cuentan o quieren contarnos. No hemos ido nunca a la luna, aun así tenemos que creer lo que nos dicen los que sí  han estado allí».

Lo que me describes parece un sueño muy lúcido, le dije, ¿Y si ha sido sólo eso?

No , «me contesto»; yo estuve en la luna. Pero esa noche no me tocaba ir allí, sucedió por un error en el canal dimensional por el cual viajaba; al llegar allí, me di cuenta inmediatamente de que corría un gran peligro, no había sido invitada, no debería estar allí. Me desplacé con mucha cautela, hasta refugiarme en una sala o recinto parecido a un centro de trabajo; había muchos ordenadores y personas laborando sentados ante los mismos, percibí que tenían cierto rango, eran directivos o algo así. Me senté ante un ordenador y me quedé allí en silencio, intentando no llamar la atención de ninguna manera.

Las personas que laboraban en ese recinto, poseían altas capacidades de percepción extrasensorial; así que en breve se dieron cuenta de mi presencia, yo también podía leer sus mentes y ellos lo sabían. Se hizo un silencio total en el sitio, y digo total, tanto físico como cese de los pensamientos de todos ellos. El hermetismo fue profundo, y detrás del mismo, la preocupación de que yo descubriese lo que hacían en ese edificio.

La luna, «prosiguió Otraocy con su narración»; es una base espacial artificial, no un astro natural como nos han hecho creer. Allí conviven tanto personas como nosotras y seres alienígenos, jamás ha estado deshabitada. Es un centro informatizado de control. Desde la tierra siempre vemos un mismo lado, como una foto, ese es su lado falso, pues el real es el otro, el que no vemos. Allí existen laboratorios en los cuales se hacen experimentos de todo tipo,  la vida es muy elitista y todo se paga a un alto precio. Sé que no me crees, y además te estás preguntando cómo fui hasta allí sin montarme en un cohete de la nasa.

―Pues... «Contesté», debo decirte que estoy pasando un rato entretenido escuchándote, pero no pasará de allí.

Otraocy sin ninguna afectación por mi franca incredulidad, prosiguió con el relato, me dijo: «hoy no podrás creerlo, pero algún día lo harás»… Después de que me pillaran sentada en aquella sala de trabajo sin haber sido invitada; «prosiguió con su narración», se acercó a mí una señorita, llevaba un traje de tipo modelito espacial, parecía un personaje de esas películas de animación donde los actores no son personas. Tenía una mirada aguda y penetrante,  reflejaba la inteligencia impecable de una máquina o  robot, era perfecta en todo sentido, y con la capacidad de escanearme en segundos. Me conocía, y me llamó por mi nombre, me dijo: «Otraocy, no puedes estar en este lugar, este no es tu sitio, debes volver al mundo de los obreros».


No fui a la luna con este cuerpo físico, fui con el cuerpo sutil, ese que se desconecta de nosotros cuando dormimos; pero como ya comenté, sucedió por fallo de canales dimensionales. La señorita cibernética me sacó de aquel recinto, y en ese momento confirmé que estaba en la luna. Ella me llevó hasta un puente por el que debía desplazarme para volver a la tierra, percibí que aquello representaba un enorme peligro para mí, ya que si lo hacía revertiría toda mi evolución lograda como persona en esta actual vida. 


No le obedecí, me dijo con voz imperativa: «¡Te he ordenado regresar al mundo de los obreros!» Le miré fijamente a los ojos diciéndole con firmeza: no volveré pues yo ya sé quien soy.  Sentí como de nuevo me escaneaba con su mirada, con desagrado se dio cuenta de que no podría obligarme. Contestó: «vale, no vuelvas, pero aquí no puedes quedarte».

La señorita cibernética, me condujo a una especie de pasadizo dimensional, viajamos en lo que me pareció ser un ascensor que se desplazaba a través de túneles. Ella me acompañó en todo momento, puesto que debía verificar mi expulsión de la luna. Yo sentí que descendíamos en aquel ascensor, también percibí mientras bajábamos, que nos rodeaban edificios instalados en cavernas, en ellos intuí la presencia de animales diversos que permanecían encerrados en jaulas, una cantidad infinita de especies de todo tipo. No entendí el motivo por el cual dichos animales se alteraron tanto, al punto de poner nerviosa a aquella mujer que a mi parecer era un robot. Hoy pienso que de la misma manera que yo capté sus presencias sin verlos; ellos lo hicieron conmigo, y fuese aquello una voz de socorro de parte de ellos.

Aquel ascensor dimensional abrió sus puertas, vi que había aterrizado en el edificio de un polígono industrial que está al lado de mi casa, había amanecido en la tierra pero aun así observé en el cielo un leve esbozo de la luna, y una nube que se deshacía para escribir la palabra "mensaje".  Ya en la calle y fuera de aquél edificio, miré a mi derecha y observé como un conejo se defendía de un león venciéndole.

Nunca olvido aquella visita a la luna, y aunque vivo plenamente cada minuto de mí ahora; sé que mis ojos verán el día en el que el débil vence al fuerte y depredador, y la raza humana acabará liberándose de aquellos que nos controlan, vigilan, manipulan y esclavizan…

―Bueno Otraocy… Escribiré esto como uno más de mis relatos, afirmar que esto es verdad no puedo, gracias por compartirlo conmigo pese a mi incredulidad. Pero dices que te negaste a volver a la tierra, y aquí estás.

―Sí volví, «contestó ella», pero a lo que me negué fue a volver y seguir siendo una sumisa obrera en este planeta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu comentario será bien recibido, gracias.