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sábado, 21 de septiembre de 2019

El Virus de los Secretos (Relato)



Se reunieron una vez un grupo de ricos, jóvenes e inteligentes amigos y amigas; chicos y chicas de entre veintidós y veintiséis años. Ellos habían crecido juntos, conocían la vida de cada uno de ellos y la de sus respectivas familias, o eso creían. Estos personajes vivían en un país que llamaban Soberano, en tierras del mundo occidental. Tenían sus vidas resueltas económica y profesionalmente, pues eran hijos de familias acaudaladas y vinculadas al poder. No había en sus prodigiosas cabezas nada de que preocuparse, o eso pensaban.

Un sábado por la noche, estos jóvenes se juntaron para celebrar el cumpleaños de Raúl. Ese día, entre risas e ironías, en algún punto de sus ociosas conversaciones, se retaron entre ellos, para ver a quién se le ocurría la idea más bellaca con el fin de fastidiar a la gente por medio de las redes sociales. Después de unos cuantos y alocados aportes, nada claros porque las copas ya eran muchas, y los porros no eran escasos. Decidieron pactar un próximo encuentro, para el cual cada uno de ellos traería una propuesta para preparar la broma.

Estos jóvenes no tenían cualquier perfil; cada uno de ellos era un prodigio en su área académica. Estaban entre ellos Raúl, el antropólogo y psicólogo, Josefa, especialista en informática y programación, Pedro, telecomunicaciones y redes sociales, María, periodista y politóloga, y Juan, quien por presión de su familia iba a ser sacerdote, pero lo dejó antes de hacer los votos; en la actualidad estaba tratando de reorientar su rumbo profesional. Todos ellos habían sido preparados, y seguía siendo así; para ser mandos sustitutos de altas élites del gobierno. Así que contaban con una impecable capacitación, y también mucho tiempo libre.

Tenemos que ponernos un nombre de grupo. «Dijo Raúl, el antropólogo y psicólogo».

 Ja, ja, ja, Raúl, que friki eres. Pero que se puede esperar de un psicólogo desequilibrado
y obsesionado por las películas conspiranoícas. «Dijo María, la periodista y politóloga».

 Bueno, -dijo Pedro el experto en telecomunicaciones-, si vamos a jugar, que no falten
detalles. Como somos cinco, nos llamaremos “El Pentágono”.

Ja, ja, ja, «rieron todos y estuvieron de acuerdo con el nombre del grupo».

Un mes después, estos personajes volvieron a reunirse… Pasaron un largo rato riéndose de las ideas que cada uno aportaba, burlándose de las posibles reacciones de las personas ante la broma que preparaban.

Entre todas las ideas triunfó la creación y difusión a través de las redes sociales de un virus informático. Este aporte obviamente fue de Josefa; y consistía en lo siguiente: el virus se crearía para ser introducido en E-mail, WhatsApp, Facebook, Instagram y Twitter; el mismo detectaría a un contacto, el cual sería el más importante y frecuente de cada usuario en cada red social y correo electrónico.


El mensaje encriptado en el virus era el siguiente: “Huye donde puedas y como puedas; nuestra persona de mayor confianza nos ha traicionado, todo se sabe ya.” Además, a otro integrante del grupo se le ocurrió que se fueran agregando al mensaje las respuestas de las interacciones que el mismo generase, sin que los usuarios pudiesen evitarlo, porque el virus debía ser tan potente y tan inteligente, que sería capaz de traducir las voces, copiarlas y anexarlas a la cadena de respuestas ante dicho mensaje, es decir, las conversaciones asociadas a la dirección IP de los teléfonos móviles de cada usuario, se irían copiando, haciendo una transmisión encadenada de lo dicho por cada persona a la que llegase el virus.

¡Qué fuerte va a ser esto! «Decía Juan, el que no quiso ser cura». Imaginaros a todas las parejas con casos de infidelidad. Ja, ja, ja.

Pero la infidelidad era el asunto menos preocupante del caos social, político, religioso y económico que generaría el virus; de momento el ocioso grupo de pudientes y privilegiados jóvenes, no había dimensionado el problema que ellos mismos estaban construyendo, y que era guillotina para sus propias cabezas.

Todos quedaron de acuerdo de que así lo harían, el virus informático fue la idea ganadora y se pusieron manos a la obra...

Tercer encuentro... El virus estaba listo, pero surgieron algunas diferencias debidas al miedo a ser afectados ellos mismos o sus familias e intereses.

Me parece que esta broma es un poco peligrosa para nosotros mismos. «Dijo Josefa, la especialista en informática y programación, y quien acababa de crear el virus». De momento, ninguno de nosotros, o por lo menos yo aún no lo sé; conocemos al detalle los secretos de nuestras propias familias. Sabemos que son personas que ostentan el poder en este país… Pero, ¿Qué más sabemos?

Después de debatir entre todos aquella posibilidad de peligro planteada por Josefa, y ante dicho riesgo, decidieron eliminar la parte del virus que consistía en traducir, copiar y reproducir las conversaciones asociadas a la reacción ante el mensaje. Aunque ya el virus había sido diseñado de esta manera, aun así optaron por modificarlo y difundirlo sin la parte que posiblemente a ellos pudiese perjudicarles. Estando todos de acuerdo, Josefa emprendió la nueva tarea de modificar el virus informático, eliminando lo que no les convenía.

Cuarta reunión... El virus estaba listo, los amigos celebraron, comieron y bebieron, riéndose y comentando sobre las posibles reacciones humanas de aquella ociosa broma planetaria. Haciendo chistes de los posibles y retorcidos secretos que tantas personas podrían estar ocultando, y el susto que se llevarían ante aquel mensaje.

Josefa, la informática, entregó el archivo a Pedro, especialista en telecomunicaciones y redes sociales. Pero, a pesar de sus inteligencias, siendo personas al fin y al cabo; terminaron cometiendo un terrible error. Sucedió, que Josefa la informática; en vez de borrar el primer virus diseñado, se equivocó borrando el corregido, así que sin darse cuenta de lo que había hecho, entregó el primer virus creado en vez de el que estaba modificado.

Pedro consiguió infiltrar el virus con éxito... Cuando el mismo comenzó a propagarse, misteriosamente en muchas lugares empezaron a mudarse las personas a otras partes del mundo, abandonándolo todo, padres y madres a sus hijos, hijos e hijas a sus padres, esposos a sus esposas, mujeres a sus maridos, políticos, empresarios, banqueros, etc., etc., etc.


Inclusive, aunque ustedes no lo crean, muchas personas, cuya condición económica y vinculaciones extra planetarias se lo permitían; emigraron a otros planetas, incluyendo el satélite lunar y Marte. Las élites más encumbradas del poderío económico, político, religioso y social de este mundo, de un día para otro se movilizaron sin dejar rastro, y sin tener claro el resto de las personas, el motivo que les había forzado a ello.

Quinto encuentro... El equipo Pentágono, los jóvenes, inmaduros y bromistas amigos, se reunieron de nuevo, pero esta vez no hubo risas ni chistes; estaban sumergidos en el caos de sus confusiones, ellos no tenían información directa ni precisa de las interacciones de sus familias vinculadas al poder, ni de sus secretos. Sus padres, de quienes ellos aún dependían, también habían desaparecido, y les escribían desde alguna parte no identificada del planeta, alertándoles a salir huyendo lo más pronto posible de donde estuviesen.

Eran terribles las consecuencias que la bromita les había ocasionado a ellos mismos; estaban aterrados, y no sabían como confesar a sus familias que todo había sido una broma, una travesura ideada, ingeniada por ellos mismos. Ese día se dedicaron a culparse unos a otros, quedando la amistad disuelta, apartándose cada uno por su lado, para seguir como pudiesen con sus propias vidas. Se habían quedado solos, sin el apoyo de sus padres, sin dinero, sin nada. Sus vidas se habían esfumado con la huida de las élites dominantes del país. Juan, Raúl y María, estuvieron a punto de pegarles a Josefa y a Pedro por aquel desastroso error.

Ya no se pudo dar marcha atrás, porque después de haberse propagado el mensaje del virus: “Huye donde puedas y como puedas; nuestra persona de mayor confianza nos ha traicionado, todo se sabe ya”. Era imposible no reaccionar ante ello, ya que el mensaje provenía de la persona y contacto de mayor y más íntima confianza de cada usuario. Así que, todos los que lo recibían, comenzaban a hablar y a confesar como respuesta a dicha amenaza, unos llamaban a otros pidiendo explicaciones, acusando, reclamando, advirtiendo, etc. Así que aquello lo que hacía era delatarles más y más, agrandando el problema, ya que la parte del virus informático que copiaba y reproducía las respuestas, haciendo de ellas una onda exponencial y expansiva; seguía siendo parte del mismo, debido al error de Josefa.

Estaban destruidos, porque además todos habían descubierto el verdadero perfil de sus propias familias; por ejemplo Juan, el que no quiso ser cura… Llegó borracho a este último encuentro, y no paraba de decir una y otra vez:

¡Mi madre es una prostituta! ¿Pero cómo? Con todo el dinero que ya tiene. Me enteré que regenta un burdel, trata de blanca… Y además ella se rifaba cada mes entre sus clientes en una lotería carísima. «Lloraba y lloraba Juan». Mi madre es un p… Por eso quería que yo fuese cura, para recibir perdón divino.

¡Calla ya! –Gritaron los otros-.

Yo no puedo hablar de lo que ahora sé de mi familia. «Dijo María». Sería muy, pero muy peligroso.

Sólo se salvaron de aquella broma, los pueblos cuyo servicio de Internet era deficiente; así que cuando el mensaje les llegó, habían pasado varios días, y ya conocían que era un virus informático, aunque también allí hubiese oscuros secretos, no le dieron ninguna importancia.

Así fue como el virus de los secretos descalabró a aquel país, y también le dejó limpio de mucha gente indeseable, y como todo virus, se extendió por todo el planeta. Porque los mismos programadores informáticos en las altas élites del poder, en vez de neutralizarlo, huyeron al igual que tantísimas personas.

Unar Idycula

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