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lunes, 4 de noviembre de 2019

Mi Atención


Atenta a mi misma,
a la conciencia de cada instante,
a cada pensamiento...

"Molinos de viento",
existiendo, pareciendo...
¿Quién los ha hecho?

Aparecen sin mi permiso,
queriendo dominarme,
inducirme, controlarme.

Atenta a mis deseos,
a lo que hago y pienso,
a mis emociones, sentimientos.

Escudriño, disecciono pensamientos;
soy la observadora diminuta
pero en haz de luz potente...

"Este David" en mí presente,
¿Cuántos "Goliats" hay en mi mente?
Genotipos autónomos, vivos...

Quien se piense puro y auténtico;
que despierte, que se entere
que su mente no le pertenece...

Por eso atiendo...
por eso mi atención es para ella,
para mi impostora, mi mente.


Unar Idycula
04/11/2019

miércoles, 9 de octubre de 2019

Sólo Yo...


Sólo yo soy...
responsable de mi presente;
abandono las esperas...

¿Cambiar si otros lo hacen?
Ya no más postergaciones
sólo  puedo marcar mi paso.

Me desengancho del basurero;
de mi subconsciente pasado ,
 piloto desastroso y automático.

Esperar apoyo de ellos,
es como arrastrar un pesado saco;
eslabones de deterioro estancado...

Respetando sus procesos,
pero transitando con otros pasos;
sin culpas, sigo mi camino.

Obligarles no debo...
ni que condicionen mi destino,
sin desquites, sin castigos...

Sin resentimientos;
soy responsable de mi presente,
y autora de mi futuro.

Unar Idycula
09/10/2018


El Dr Peter Gotzsche y los 10 mitos de la Salud Mental





“En el Centro Cochrane Nórdico, hemos investigado los antidepresivos durante varios años y siempre me he preguntado por qué los principales profesores de psiquiatría basan su práctica en una serie de mitos erróneos. Estos mitos son perjudiciales para los pacientes. Muchos psiquiatras son muy conscientes de que los mitos no se sostienen pero no se atreven a apartarse de las posiciones oficiales, debido a que les preocupa su carrera. Soy un especialista en medicina interna, no me arriesgo a arruinar mi carrera por provocar la ira de los profesores y trataré desde aquí ir al rescate de muchos psiquiatras y pacientes con conciencia pero oprimidos por una lista de los peores mitos y explicar por qué son tan perjudiciales“. Dr. Peter Gotzsche.- un investigador médico danés, director del Centro Cochrane Nórdico de Dinamarca y profesor en la Universidad de Copenhague. Es autor del libro, recientemente traducido al castellano, "Medicamentos que matan y crimen organizado"

sábado, 5 de octubre de 2019

Doctor Puig (Reinventarse)



El Dr. Mario Alonso Puig visita el plató de Buenafuente para presentar su libro 'Reinventarse. Su segunda oportunidad', en él explica cómo reacciona el cerebro ante los grandes retos, que reacciona empleando el modo de supervivencia o el modo de adaptación; dependiendo de cuál prevalezca de las dos modalidades reaccionaremos de una forma u otra. Descubre cómo puede afectar esto en tu vida cotidiana.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Esperando a Trinity (Relato de la saga converando con Trinity)


No tuve otra alternativa que esperar pacientemente a que Trinity apareciese de nuevo. Me debatía entre la sensación extraña de no diferenciar si estaba desarrollando apegos hacia su compañía y sus conversaciones, o la verdadera necesidad de contarle tantas cosas que me estaban pasando desde la última vez que la vi.

Mi vida onírica, si es que deba llamarle así; había cobrado un realismo impresionante. Lo escribía todo como ella me recomendó, cuando volvía a leer lo escrito, parecían historias verídicas; por ello comencé a tener la sensación de vivir en dos mundos; siendo el onírico tan real como este mismo. Quería describirle todas aquellas escenas, recibir una mayor explicación, comprender… La intención y disciplina de apuntar lo que soñaba, me había puesto en contacto con una parte de mí misma que hasta ese momento desconocía, o no era consciente de ello.

Pasaron casi tres meses hasta que Trinity apareció otra vez…

― Estoy en Cuenca, «me dijo» ¿Te vienes?

Hace unos meses no habría hecho aquel esfuerzo por conversar con alguna amiga, así sin más, «Estoy en Cuenca, vente a verme si quieres». Qué fácil, sal de tu comodidad y vente de Madrid a Cuenca a conversar un rato conmigo.

― ¿Cuenca? ¿Pero por qué allí?

― Porque aquí estoy ahora mismo.

Así que yo, esta persona que se auto designa como solitaria y muy autónoma interiormente; se fue a Cuenca a conversar con Trinity.

Al encontrarme con Trinity me dijo, como si hubiese estado escuchando mis pensamientos: «Cuando te das cuenta de que algo ha sido parte de ti, aún sin ser muy consciente de como, cuando, ni porque; y percibes un pequeño roce de eso que parece parte de ti, pero que no comprendes como dejó de serlo; lo suyo es que te ejercites cada vez más en encontrarle, hagas uso de tu voluntad, te impliques en la acción. Así serás más consciente de qué o quién es ese, esa o aquello. Hasta que te des cuenta de que eso eres tú y ya no tengas que buscarle más, ni esperar a que venga a ti».

―No entiendo lo que me dices, pero ya cuento que muchas veces  no te entenderé. ¿Dónde estabas? «Le dije».

―Ya me doy cuenta de que lo que acabo de decirte no ha tenido ninguna resonancia en ti, pero también contaba con ello… A ver, a ver… Espero que esas lindas orejitas que exponen esos relucientes pendientes, puedan escucharme de verdad alguna vez.

―Si no fuese porque sé que eres bastante rarita, posiblemente me enfadaría por lo que acabas de decirme, pero elijo reír, la verdad me hace gracia.

Trinity me contó lo que había estado haciendo todos estos meses… Tomé una decisión muy importante y radical. «Me dijo, y comenzó a relatarme».

Llevo años en un progresivo y permanente desarrollo humano y de consciencia, accediendo a una gran cantidad de información que me permitía entender mi vida y la de otros, ampliando más y más mi nivel cognitivo de la existencia humana, y también espiritual; teniendo paciencia en sumar valentía para hacer lo que acabo de hacer.

Ella siguió su narración, yo tenía la sensación de contemplarla por una especie de túnel o espejismo del futuro, la percepción de que hablaba como si yo no estuviese allí, sino también en otro plano del tiempo distinto al de ella. Yo no quería ni respirar, de hecho sentí como si no lo hiciese, con una atención sosegada, relajada, pero alegre, feliz por estar escuchando el relato de su nueva realidad.

Allí estábamos Trinity y yo en la Ciudad Encantada de Cuenca que dicen se formó en el periodo Cretácico, es decir, hace unos 90 millones de años; sentadas debajo de una enorme y hermosa piedra.


He comenzado una nueva vida. «Me dijo, y prosiguió contando». He concluido con un programa de vida que ya no me pertenecía, pues el mismo  era consecuencia de elecciones del pasado; elecciones tomadas desde la inconciencia o desde mi personalidad autómata. Miré mi pasado y contemplé que la persona que tomó todas aquellas decisiones que construyeron la base a la vida que estaba llevando; ya no era yo.

Cuando tuve la certeza de como había sido conducida mi vida, y del porqué era insistente la sensación de estar  viviendo una vida desacertada en muchos aspectos, llena de incoherencias y de falsedades; me dispuse a hacer uso de todas las herramientas aprendidas para salir de todo aquello que me retenía, y me estaba impidiendo seguir avanzando como ser humano.

He puesto fin a todo, y ahora estoy viviendo en otra parte del mundo.

― ¿Dónde? ¿Te has ido de España?

― Sí, «contestó y prosiguió relatando».

Vivo en un sitio maravilloso, cerca del mar, con un clima de primavera perpetua. Tengo una vida sencilla y solvente. En una ciudad muy cercana viven un grupo de mi familia bilógica, a quienes amo entrañablemente, y puedo verles con frecuencia, ellos son parte de mi corazón.


Allí donde vivo ahora, comparto mi amistad con un grupo de personas con quienes tengo gran resonancia y sincronía cognitiva y espiritual; somos muy cercanos, nos apoyamos mutuamente como una familia.

Allí trabajo en lo que amo hacer; aquello que fue mi primer brote vocacional cuando apenas era una niña. Esto es sólo un final y un inicio, hay mucho camino por recorrer, pero estoy siendo muy feliz en ese sitio. Me siento en paz con esta decisión, pues lo he hecho desde la certeza de que ya era el momento de dar ese paso.

Sé que te estas preguntando muchas cosas relacionadas a la realidad que decidí dejar atrás; pero no las pronuncies; pues te digo, que en ese presente que ahora vivo no hay  culpas por nada ni por nadie. «Parecía de nuevo estarme leyendo los pensamientos, pues yo estaba teniendo un revulsivo de como me sentiría yo si hiciese lo mismo». Tranquilízate, «insistió» no hay culpas por nada y me siento feliz, armónica y liberada allí donde ahora estoy.

Yo estaba viviendo en un estado de bienestar que colmaba mis sentidos pero no mi corazón. Estas dos condiciones de vida no han de confundirse; pues tener no es lo mismo que Ser. «Ella notó que yo estaba a punto de llorar, y no pude evitar hacerlo».

―Yo anhelo llegar allí, a ese punto donde tú estás, ¿Pero cómo? «Por fin pude hablar casi en un susurro».

―Estoy aquí para ayudarte Unar, pero tienes que aprender a escuchar de verdad, dejar de estar tan desenfocada y dispersa. ¿Quieres aprender las herramientas que yo he utilizado?

―Sí, quiero. «Contesté».

―Pues bien, yo sólo las pondré a tu alcance, pero el trabajo de aplicarlas es tuyo.
―Me gustaría contarte algunos de los sueños que he tenido, recuerdas que me sugeriste apuntarlos…

―Vale, pero busquemos primero un lugar para comer.

Salimos de debajo de aquella piedra que había estado tantísimos años sepultada, siendo parte de la tierra misma, pero ahora tan visible para todos.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Sostenimiento


Me sostengo...
Ahora que me veo,
con todos mis defectos.

Me sostengo...
Ahora que no me miento
y mi engranaje observo.

Puedo finalizar todo esto,
edificando mi centro,
puedo y quiero hacerlo.

Lo hago sin destrucción,
sin deterioros,
pero sí con transformación.

Puedo superar éso,
superar la trampa del tiempo,
sin prisas, avanzando.

Demasiada distracción,
pero mi meta sigue viva;
siendo lo que me han negado.

Imposible ser detenida,
si neutralizo la máquina
y activo la Esencia genuina.

Me sostengo porque me veo
y puedo transformar lo que observo
desde el negado lado de la vida.

Unar Idycula
21/09/2019


El Virus de los Secretos (Relato)



Se reunieron una vez un grupo de ricos, jóvenes e inteligentes amigos y amigas; chicos y chicas de entre veintidós y veintiséis años. Ellos habían crecido juntos, conocían la vida de cada uno de ellos y la de sus respectivas familias, o eso creían. Estos personajes vivían en un país que llamaban Soberano, en tierras del mundo occidental. Tenían sus vidas resueltas económica y profesionalmente, pues eran hijos de familias acaudaladas y vinculadas al poder. No había en sus prodigiosas cabezas nada de que preocuparse, o eso pensaban.

Un sábado por la noche, estos jóvenes se juntaron para celebrar el cumpleaños de Raúl. Ese día, entre risas e ironías, en algún punto de sus ociosas conversaciones, se retaron entre ellos, para ver a quién se le ocurría la idea más bellaca con el fin de fastidiar a la gente por medio de las redes sociales. Después de unos cuantos y alocados aportes, nada claros porque las copas ya eran muchas, y los porros no eran escasos. Decidieron pactar un próximo encuentro, para el cual cada uno de ellos traería una propuesta para preparar la broma.

Estos jóvenes no tenían cualquier perfil; cada uno de ellos era un prodigio en su área académica. Estaban entre ellos Raúl, el antropólogo y psicólogo, Josefa, especialista en informática y programación, Pedro, telecomunicaciones y redes sociales, María, periodista y politóloga, y Juan, quien por presión de su familia iba a ser sacerdote, pero lo dejó antes de hacer los votos; en la actualidad estaba tratando de reorientar su rumbo profesional. Todos ellos habían sido preparados, y seguía siendo así; para ser mandos sustitutos de altas élites del gobierno. Así que contaban con una impecable capacitación, y también mucho tiempo libre.

Tenemos que ponernos un nombre de grupo. «Dijo Raúl, el antropólogo y psicólogo».

 Ja, ja, ja, Raúl, que friki eres. Pero que se puede esperar de un psicólogo desequilibrado
y obsesionado por las películas conspiranoícas. «Dijo María, la periodista y politóloga».

 Bueno, -dijo Pedro el experto en telecomunicaciones-, si vamos a jugar, que no falten
detalles. Como somos cinco, nos llamaremos “El Pentágono”.

Ja, ja, ja, «rieron todos y estuvieron de acuerdo con el nombre del grupo».

Un mes después, estos personajes volvieron a reunirse… Pasaron un largo rato riéndose de las ideas que cada uno aportaba, burlándose de las posibles reacciones de las personas ante la broma que preparaban.

Entre todas las ideas triunfó la creación y difusión a través de las redes sociales de un virus informático. Este aporte obviamente fue de Josefa; y consistía en lo siguiente: el virus se crearía para ser introducido en E-mail, WhatsApp, Facebook, Instagram y Twitter; el mismo detectaría a un contacto, el cual sería el más importante y frecuente de cada usuario en cada red social y correo electrónico.


El mensaje encriptado en el virus era el siguiente: “Huye donde puedas y como puedas; nuestra persona de mayor confianza nos ha traicionado, todo se sabe ya.” Además, a otro integrante del grupo se le ocurrió que se fueran agregando al mensaje las respuestas de las interacciones que el mismo generase, sin que los usuarios pudiesen evitarlo, porque el virus debía ser tan potente y tan inteligente, que sería capaz de traducir las voces, copiarlas y anexarlas a la cadena de respuestas ante dicho mensaje, es decir, las conversaciones asociadas a la dirección IP de los teléfonos móviles de cada usuario, se irían copiando, haciendo una transmisión encadenada de lo dicho por cada persona a la que llegase el virus.

¡Qué fuerte va a ser esto! «Decía Juan, el que no quiso ser cura». Imaginaros a todas las parejas con casos de infidelidad. Ja, ja, ja.

Pero la infidelidad era el asunto menos preocupante del caos social, político, religioso y económico que generaría el virus; de momento el ocioso grupo de pudientes y privilegiados jóvenes, no había dimensionado el problema que ellos mismos estaban construyendo, y que era guillotina para sus propias cabezas.

Todos quedaron de acuerdo de que así lo harían, el virus informático fue la idea ganadora y se pusieron manos a la obra...

Tercer encuentro... El virus estaba listo, pero surgieron algunas diferencias debidas al miedo a ser afectados ellos mismos o sus familias e intereses.

Me parece que esta broma es un poco peligrosa para nosotros mismos. «Dijo Josefa, la especialista en informática y programación, y quien acababa de crear el virus». De momento, ninguno de nosotros, o por lo menos yo aún no lo sé; conocemos al detalle los secretos de nuestras propias familias. Sabemos que son personas que ostentan el poder en este país… Pero, ¿Qué más sabemos?

Después de debatir entre todos aquella posibilidad de peligro planteada por Josefa, y ante dicho riesgo, decidieron eliminar la parte del virus que consistía en traducir, copiar y reproducir las conversaciones asociadas a la reacción ante el mensaje. Aunque ya el virus había sido diseñado de esta manera, aun así optaron por modificarlo y difundirlo sin la parte que posiblemente a ellos pudiese perjudicarles. Estando todos de acuerdo, Josefa emprendió la nueva tarea de modificar el virus informático, eliminando lo que no les convenía.

Cuarta reunión... El virus estaba listo, los amigos celebraron, comieron y bebieron, riéndose y comentando sobre las posibles reacciones humanas de aquella ociosa broma planetaria. Haciendo chistes de los posibles y retorcidos secretos que tantas personas podrían estar ocultando, y el susto que se llevarían ante aquel mensaje.

Josefa, la informática, entregó el archivo a Pedro, especialista en telecomunicaciones y redes sociales. Pero, a pesar de sus inteligencias, siendo personas al fin y al cabo; terminaron cometiendo un terrible error. Sucedió, que Josefa la informática; en vez de borrar el primer virus diseñado, se equivocó borrando el corregido, así que sin darse cuenta de lo que había hecho, entregó el primer virus creado en vez de el que estaba modificado.

Pedro consiguió infiltrar el virus con éxito... Cuando el mismo comenzó a propagarse, misteriosamente en muchas lugares empezaron a mudarse las personas a otras partes del mundo, abandonándolo todo, padres y madres a sus hijos, hijos e hijas a sus padres, esposos a sus esposas, mujeres a sus maridos, políticos, empresarios, banqueros, etc., etc., etc.


Inclusive, aunque ustedes no lo crean, muchas personas, cuya condición económica y vinculaciones extra planetarias se lo permitían; emigraron a otros planetas, incluyendo el satélite lunar y Marte. Las élites más encumbradas del poderío económico, político, religioso y social de este mundo, de un día para otro se movilizaron sin dejar rastro, y sin tener claro el resto de las personas, el motivo que les había forzado a ello.

Quinto encuentro... El equipo Pentágono, los jóvenes, inmaduros y bromistas amigos, se reunieron de nuevo, pero esta vez no hubo risas ni chistes; estaban sumergidos en el caos de sus confusiones, ellos no tenían información directa ni precisa de las interacciones de sus familias vinculadas al poder, ni de sus secretos. Sus padres, de quienes ellos aún dependían, también habían desaparecido, y les escribían desde alguna parte no identificada del planeta, alertándoles a salir huyendo lo más pronto posible de donde estuviesen.

Eran terribles las consecuencias que la bromita les había ocasionado a ellos mismos; estaban aterrados, y no sabían como confesar a sus familias que todo había sido una broma, una travesura ideada, ingeniada por ellos mismos. Ese día se dedicaron a culparse unos a otros, quedando la amistad disuelta, apartándose cada uno por su lado, para seguir como pudiesen con sus propias vidas. Se habían quedado solos, sin el apoyo de sus padres, sin dinero, sin nada. Sus vidas se habían esfumado con la huida de las élites dominantes del país. Juan, Raúl y María, estuvieron a punto de pegarles a Josefa y a Pedro por aquel desastroso error.

Ya no se pudo dar marcha atrás, porque después de haberse propagado el mensaje del virus: “Huye donde puedas y como puedas; nuestra persona de mayor confianza nos ha traicionado, todo se sabe ya”. Era imposible no reaccionar ante ello, ya que el mensaje provenía de la persona y contacto de mayor y más íntima confianza de cada usuario. Así que, todos los que lo recibían, comenzaban a hablar y a confesar como respuesta a dicha amenaza, unos llamaban a otros pidiendo explicaciones, acusando, reclamando, advirtiendo, etc. Así que aquello lo que hacía era delatarles más y más, agrandando el problema, ya que la parte del virus informático que copiaba y reproducía las respuestas, haciendo de ellas una onda exponencial y expansiva; seguía siendo parte del mismo, debido al error de Josefa.

Estaban destruidos, porque además todos habían descubierto el verdadero perfil de sus propias familias; por ejemplo Juan, el que no quiso ser cura… Llegó borracho a este último encuentro, y no paraba de decir una y otra vez:

¡Mi madre es una prostituta! ¿Pero cómo? Con todo el dinero que ya tiene. Me enteré que regenta un burdel, trata de blanca… Y además ella se rifaba cada mes entre sus clientes en una lotería carísima. «Lloraba y lloraba Juan». Mi madre es un p… Por eso quería que yo fuese cura, para recibir perdón divino.

¡Calla ya! –Gritaron los otros-.

Yo no puedo hablar de lo que ahora sé de mi familia. «Dijo María». Sería muy, pero muy peligroso.

Sólo se salvaron de aquella broma, los pueblos cuyo servicio de Internet era deficiente; así que cuando el mensaje les llegó, habían pasado varios días, y ya conocían que era un virus informático, aunque también allí hubiese oscuros secretos, no le dieron ninguna importancia.

Así fue como el virus de los secretos descalabró a aquel país, y también le dejó limpio de mucha gente indeseable, y como todo virus, se extendió por todo el planeta. Porque los mismos programadores informáticos en las altas élites del poder, en vez de neutralizarlo, huyeron al igual que tantísimas personas.

Unar Idycula

Puedes leer aqui: OTROS RELATOS

viernes, 20 de septiembre de 2019

Viaje a Ciegas (Relato)


…«El mundo es ancho y complejo; y tristemente estamos diseñados para viajar a ciegas por él». Pensó Zaida mientras se disponía a bajar del autocar…
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Eran las doce de la mañana, hacía un día estupendo, faltaba una semana para el inicio del verano. Carmen estaba a punto de subir al metro en la estación de Bilbao, cuando recibió una llamada que la obligó a regresar apresuradamente al piso donde vive, y que comparte con su amiga Zaida en pleno centro de Madrid. 

Carmen entró al piso, acudiendo directamente a la habitación de Zaida, su vecina le había alertado: «Ten cuidado, está como loca, da voces y tira cosas contra las paredes».  Se asomó con sigilo por la puerta entreabierta, evitando ser el blanco de alguno de los objetos que su amiga lanzaba. 

— ¿Qué sucede amiga? ¿Te has vuelto loca? Por favor para ya de lanzar cosas para poder entrar. ¿Te relajas un poco y me cuentas?

Zaida respiró profundo sentándose en la horilla de su cama, y comenzó a llorar. Ya sabía que aquel sueño con Roberto era demasiado lúcido; ella quiso ignorarlo, pero esto ya le había pasado tantas veces; esos avisos oníricos con personas cercanas, familia, novios, parejas, amigas… Estaba sucediendo de nuevo, sólo que esta vez le resultaba intenso y demasiado doloroso, ya que había planes de boda. 

Zaida intentó pasar de aquel aviso onírico, pero esa mañana una fuerza casi sobrenatural la movió, al final salieron por su boca aquellas palabras que llevaba días resistiéndose a pronunciar. Su novio la llamó al móvil y ella le dijo: «¿Sabes? Lo sé, sé lo que me estás haciendo». Y le narró el sueño sin decirle que lo había soñado, actuando como si lo hubiese descubierto. Cuando Roberto la escuchó describir todo con tanto detalle, se sintió tan expuesto, que no le quedó más remedio que aceptarlo, reconocer que aquello era así.

— ¿Recuerdas el sueño que te conté? Pues ha sucedido, está pasando, es real. «Zaida, casi en estado catatónico por fin pudo decir algo a su amiga Carmen».

— ¿Qué, cómo…? ¿Roberto te ha hecho eso? ¡Pero… estoy que alucino, no sé qué decirte!

A Carmen se le atragantaban las palabras, no era fácil asimilar aquello, pues ella jamás se había tomado en serio cuando Zaida le contaba, que sus relaciones amorosas terminaban porque siempre descubría por sueños las infidelidades de ellos. 

—Lo tengo claro y asumido amiga. «Dijo Zaida mientras contemplaba la pared y se limpiaba las lágrimas de sus enrojecidos e hinchados ojos». Soy una persona con una discapacidad, estoy incapacitada para vivir en este mundo creyendo y confiando. Porque para poder estar aquí y vivir como casi todos sin sufrir, hay que ser discapacitado psíquico. Yo quiero casarme Carmen, tener niños…

— ¿Y tú ves algún provecho en casarse con alguien así? Construir un modelito mentiroso de pareja feliz, negando ver lo que ves, no ser quien eres, muriendo por dentro. Lo que yo veo es que este rato de dolor te ahorrará mucho sufrimiento futuro. Míralo como un privilegio, hay un algo, o lo que sea que te avisa, ya quisiera yo tener una antenita extrasensorial para muchas cosas.

—Me voy. «Dijo Zaida levantándose de la cama como impulsada por un resorte».

— ¡Qué! ¿A dónde vas? ¡Yuriviczaida cálmate! No te trastornes más de lo que ya estas. Relájate un poquito, no tomes decisiones a lo tonto y a ciegas.

— ¡Carmen no me llames Yuriviczaida, ahora mismo no estoy para jueguitos!

Yuriviczaida era su nombre, el real, Zaida era venezolana, este era el estilo de aquellas tierras sudamericanas desde hacía unas cuantas décadas; mezclar varios nombres de abuelo, abuela, madre, padre, etc., y crear nuevos, a veces funcionaba, y el resultado era artístico y musical. Pero a Zaida su nombre le  sonaba como el de una yegua de esas que corren en las carreras de caballos. Zaida tuvo un abuelo materno ruso, llamado Yuri, una abuela materna española, llamada Victoria, también una bisabuela  haitiana, pero Zaida era su madre, de esta mezcla surgió su nombre. 

Tanto su madre como su padre nacieron en Venezuela. Zaida tenía treinta y cinco años de edad y diez viviendo en Madrid. Vino sola, después de que sus progenitores fallecieran, Carmen desde entonces era su mejor y permanente amiga; la llamaba Yuriviczaida cuando estaba de bromas o enfadada con ella.

— ¡A lo tonto y a ciegas dices! «Exclamó Zaida». Pero si así vamos casi todos en este mundo. Nos jactamos de estos cinco y maravillosos sentidos, sintiendo compasión por las personas que no ven o que no oyen. ¡Pero si somos discapacitados psíquicos! Y a  mí de poco me sirven estas visiones de los sueños, si no tengo un manual de operaciones, y me estrello con la vida como la gran mayoría.

— A ver amiga, tú me has hablado de los niveles  o porcentajes de las discapacidades visual y auditiva, ¿No? Pues haciendo una comparación con eso… Si una grandísima mayoría tenemos un 100% de discapacidad psíquica, otros un 90% y así sucesivamente, entonces será un privilegio ser un discapacitado psíquico con un 95%, por ejemplo.

Carmen estaba haciendo todo lo posible por sacar a su amiga del bucle del dolor en el que percibía se iba a pasar una larga temporada. Zaida acababa de finalizar un curso de “Mediadora Comunicativa entre Personas Sordociegas y la Comunidad”, dirigido a gente en paro laboral. Le quedaba un año por cobrar el subsidio por desempleo; así que no había nada que la atase a Madrid en ese momento. Metió en un bolso lo poco que consideró necesitar, con la intención de dirigirse a la Estación Sur de Autobuses de Madrid.

— Amiga, «dijo Zaida mientras se dirigía al baño a darse una ducha» tener un cinco por ciento de percepción no es un privilegio; esto genera dolor y desadaptación social del entorno. Te he comentado alguna vez que las personas con sordera están más felices en contacto con una comunidad de sordos ¿Por qué? Eso es obvio, porque hablan una lengua de signos que les une, les acerca, les crea identidad, poseen rasgos similares que desarrolla empatía entre ellos, etc. Así que iguales o parecidos van mejor juntos. ¿Y yo con quién? Si yo fuese una discapacitada psíquica del 100%, si no tuviese esta herramienta onírica, podría casarme con un mentiroso infiel, y para cuando me diese cuenta de ello ya tendría unos maravillosos niños, así que mandarlo a la porra me importaría una caca. Bueno… Menos mal que aún me queda la posibilidad de la inseminación. «Acto seguido se metió en la ducha».

Zaida llegó sobre las catorce y diez horas al Intercambiador Estación Sur de Autobuses, sin tener idea de cual dirección tomar. Mientras se dirigía a las taquillas para sacar algún boleto, escuchó que alguien le llamaba a voces; era Carmen, había llegado en taxi desde el centro de estudios donde realizaba un curso; su profesora se había enfermado y estaría de baja por una semana. Ellas se querían muchísimo, ambas habían juntado sus soledades para hacerlas más llevaderas. Carmen había crecido prácticamente en centros tutelados de menores, repartiendo muchas veces su vida adolescente en hogares de acogida, hasta que fue mayor de edad. Aunque un poco alocada, era lista y bastante responsable pese a sus antecedentes familiares. Ellas se habían adoptado mutuamente, eran una familia. Zaida la miró con resignación, quería irse y estar sola, pero conociendo a su amiga sabía que era imposible disuadirle de la idea de acompañarle.

Una mujer y un niño pequeño pasaron a toda prisa delante de ellas, se les cayó una visera; Zaida la recogió y corrió tras  ellos para dársela. El niño tiraba de la mano de su madre diciendo «¡Tengo hambre!». La madre le aclaraba con paciencia: «Cariño ahora no podemos comer, quedan diez minutos para que salga el autocar a Granada, te daré un bocadillo cuando subamos.» Zaida les entregó la visera y corrió a las taquillas.

— ¿A dónde vas? «Gritaba Carmen corriendo tras ella».

— Corre, nos vamos a Granada.

Encontraron boletos a Granada para las dos, salida catorce y treinta horas y llegada a las diecinueve y treinta. La mayoría de los pasajeros habían abordado el autocar, ellas llevaban apenas un bolso de mano, así que en pocos minutos estaban ocupando sus asientos. No fueron las últimas en subir; y mientras Carmen ya había entablado conversación con la pasajera del asiento trasero, a quien parecía conocer; Zaida, que ocupó el lado del pasillo, observaba con atención a los dos últimos pasajeros en abordar. Eran dos hombres, uno aparentaba unos treinta y seis años, y el otro unos veintiocho. El menor era sordociego, ella lo supo porque llevaba un bastón rojo y blanco. Vio como su compañero le decía algo con el sistema de comunicación dactilológico en palma, y soltaba su mano para que por sí solo identificara el número de su asiento. El autocar estaba adaptado para personas con movilidad reducida, así que las placas con la numeración de los asientos e información sobre aspectos de seguridad, estaban también escritos en braille. El chico sordociego parecía estar habituado a viajar, y familiarizado con estas características del autobús. 

El chico sordociego se sentó del lado de la ventana en los asientos inmediatos a ellas, al otro lado del pasillo; una vez sentados, el otro hombre quien quedó del lado izquierdo de Zaida, observó la atención visual que ella les prestaba  y le regaló una espléndida sonrisa. En otras circunstancias ella habría tenido el desparpajo de abordarle y hacerle un montón de preguntas, pero hoy no podía; aun así entretuvo un rato sus maltratados pensamientos con varias interrogantes; «¿Era él un mediador comunicativo? ¿Un familiar del chico? ¿De qué grado sería la discapacidad del muchacho y su origen?» Pero su agotamiento emocional y psicológico era tremendo, sólo quería permanecer en silencio.

El silencio y la aparente tranquilidad que parecía augurar el recorrido de aquel viaje, se quebró. Transcurrida una hora, un chico de unos trece años que viajaba con su padre en los asientos frente a ellas, comenzó a ver a todo volumen una película desde YouTube. Después de cinco minutos de una escena de tiros y palabrotas, Zaida le pidió por favor que usase audífonos. Carmen se había quedado profundamente dormida, ella  podía hacerlo en medio de un campo de batallas.

— ¡Oye, tú a mi niño no le das indicaciones! ¿Vale? «Le replicó el padre del chico en tono agresivo».

— De acuerdo caballero, entonces déselas usted. «Contestó Zaida».

— Papá se rompieron los audífonos y quiero ver esta peli. «Dijo el adolescente».

— ¿Has oído amargá? ¡Así que te aguantas!

Zaida se levantó del asiento reaccionando con furia, y en voz alta le lanzó al hombre un tropel de frases maracuchas, de esas que le surgían naturalmente cuando le sacaban de sus casillas.

— ¡Mira platelminto y guircho sin remedio! Será mejor que le digas a tu pichón de Chuckie  que estas criando, que baje el volumen o apague, o aquí se arma un verguero.

Carmen despertó asustada diciendo: «¡Madre mía ya se le activó el gen maracucho!».

— ¿Qué pasa por dios, qué pasa? «Preguntó la pasajera de atrás».

—  Perdonadle por favor, es que está muy afectada y sí se enfada mucho habla en su jerga natal, es que ella es de Maracaibo, sabe… «Carmen daba explicaciones sin saber lo sucedido».

— ¡Cállate pendeja! No sabes una vaina de lo que está pasando «Exclamó Zaida».

— ¡Pues tía aprende a hablar castellano a ver si nos entendemos! «Dijo el padre del chico».

— Escucha cafre, te lo digo ahora en castellano del tuyo. No eres más que un bocachancla, y un cani, y encima enseñando a tu prole a ir a su bola sin respeto por otros, en vez de decirle que deje de dar la brasa con el volumen alto de su peli. ¿Te enteras?

Zaida al mismo tiempo que decía esto, escuchó a la pasajera de detrás de ellas susurrarle bajito a Carmen: «Oye… tu amiga no está bien ¿Verdad? ¿Toma alguna medicación?».

— ¡Sí señora estoy enferma! «Respondió Zaida». Llevo un mes sin medicarme, tengo una enfermedad sudamericana por si quiere saberlo, se llama SMR, Síndrome de la Mezcla Racial, y se activa ante el enfado por las injusticias. Los enfermos de esto tenemos que estar medicados permanentemente, siendo este mundo tan injusto, claro está.

Dicho lo anterior Zaida y Carmen, en actitud de complicidad, cayeron en los asientos tapando sus bocas para silenciar sus risas. Se conocían tanto, estas intervenciones creativas les salían a ambas de manera natural  ante ciertas circunstancias adversas. Sus vecinos de asientos delanteros y traseros se quedaron el resto del viaje como muertos. El padre bocachancla ordenó al chico apagar inmediatamente el móvil. Ahora sí había el silencio ansiado por Zaida quien miró a su vecino de la izquierda preguntándose: «¿Cómo seguirá dormido pese al jaleo que hemos montado?».

El autocar hizo su parada de descanso a las diecisiete y quince horas en Santa Elena, Jaén, en un área de servicios llamada Abades Puerta Andalucía. Zaida se dio cuenta que el hombre que acompañaba al sordociego era sordo, pues el pasajero bocachancla, les insultó a sus espaladas por haberle tropezado al bajar del autobús. 

En segundos todas las mesas de la estancia fueron ocupadas, y la pareja de hombres con discapacidad no encontraba sitio; Zaida se levantó para invitarles a sentarse con ellas. Carmen se quedó mirando con admiración como su amiga se comunicaba con el hombre sordo en Lengua de Signos Española, también con el chico sordociego en la misma Lengua, pero apoyada. 

Se sentaron juntos; Zaida iba traduciendo la conversación a Carmen y viceversa, al mismo tiempo Matías, el hombre sordo, integraba a Joaquín, el chico sordociego, comunicándose con él en LSE apoyada y dactilológico en palma.  Los dos hombres eran amigos, la discapacidad de Joaquín se debía al síndrome de Usher I, y su ceguera comenzó a los diez años. Matías quedó sordo a los quince  por accidente de coche, así que hablaba bien y respondía de forma oral a las chicas.

La media hora del descanso pasó volando, cada pareja de amigos acudió a los servicios antes de abordar de nuevo el autocar.

— ¿Has visto que ojazos tiene Matías? No oirá pero como mira… Mejor dicho, como te mira.

— Venga Carmen, que mi programa de ligue está con virus, y pasará en cuarentena muchísimo tiempo. Vamos que nos deja el autobús.

Ya a bordo, Matías y Zaida no pararon de comunicarse en LSE; el mostraba la espontaneidad de las personas con sordera y al mismo tiempo delicadeza; tenía muchas ganas de saber de ella y de su vida, pero cada intervención era tan sutil, que poco a poco consiguió romper su actitud reservada. En esto se notaba que no era un sordo prelocutivo, y conservaba aun el estilo de interrelación de las personas oyentes.

Zaida escuchó al adolescente preguntar en susurros a su padre el bocachancla: 

— Papa, ¿Qué hace esa gente? 

— Calla, que los anormales se entienden entre ellos.

Zaida respiró profundo exclamando mentalmente: «¡Maldita sea!» Pensando en su hiperacusia. Quedaba sólo media hora para llegar a Granada. Matías le preguntó si volvería a verlas y donde se hospedarían, Zaida contestó que pasarían la noche en el primer lugar en el que encontrasen habitación, y mañana ya verían si acudir a otro sitio o no. El comentó que sus padres regentaban un hostal y que a lo mejor podría hacer algo por ellas. Hizo una videollamada, al finalizar le dijo que todo estaba resuelto, que tenían habitación. Zaida comunicó esto a Carmen y ambas estuvieron de acuerdo, total no llevaban plan ninguno para aquel viaje a ciegas.

— Oye… «Dijo Carmen en actitud maliciosa». Cuando yo tenga una contaminación por ruptura amorosa, me gustaría encontrar un limpia virus como Matías.

— Calla, que aquí no pasa ni pasará nada.

— No será porque él no quiere, desde aquí oigo el megáfono de sus expresivos ojos negros cantar: “me gustas mucho turu-turu-ruuuu”. Yo con uno así me saltaba cualquier cuarentena post ruptura.

— Sí, lo sé, tú sí.

Zaida encendió por fin su móvil; Roberto había escrito veinticinco mensajes de WhatsApp, y también tenía quince llamadas perdidas; los borró todos sin leerlos y bloqueó su número telefónico. No había marcha atrás. Ella que pensaba ser la novia oficial,  resultó que era la otra, ella era la amante de Roberto sin saberlo. Su mujer había contratado un detective y le había pillado. No pudo evitar las lágrimas y pensó: «Son las últimas, lo juro». Lanzó su móvil al bolso como si de esa manera pudiese borrarlo todo.

Matías la observó secarse las lágrimas y cogió su mano izquierda con ternura. Ella aceptó aquella mano, no le miró, prefirió sentir lo que le transmitía aquel contacto, pero su parloteo mental era intenso, opacando cualquier sensibilidad. No sintió, no podía sentir nada. Ella recuperó su mano y le miró a los ojos preguntándose mentalmente: «¿Quién eres?». Respiró profundo: «¿Podré mirarte y saberlo? ¿Te descubriré en algún sueño siendo quien no pareces ser ahora mismo? Ahora veo verdad y dulzura en tus ojos, pero… ¿Tu otro lado cuándo me lo mostraras? Tarde o temprano lo harás, es cuestión de tiempo». Quedaban unos metros para entrar a la estación de pasajeros. Apartó su mirada de los ojos de Matías y siguió pensando: «Fin de una relación, fin de un viaje, inicio de una estancia en otra ciudad… ¿Volveré a Madrid? No lo sé».

El autobús se detuvo, la mayoría de los pasajeros se pusieron de pie, el hijo del  bocachancla; empujó sin modales a los otros para ser el primero en bajar. Carmen observó al chico,  le resultaba anecdótico que fuese el «pichón de Chuckie -hijo de muñeco diabólico-», el primero ante quien se abrían las puertas del autocar; puertas que para ella simbolizaban la posibilidad de un reinicio de vida… 

«El mundo es ancho y complejo; y tristemente estamos diseñados para viajar a ciegas por él». Pensó Zaida mientras se disponía a bajar del autocar…

Unar Idycula

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

14 de Muchas Más (El silencio)

Más Allá


Más allá de dos cuerpos, 
de dos mentes,
de dos máscaras...

Más allá estamos,
estamos los dos,
es el unísono...

Dos vibraciones,
juntos dos sonidos,
resonando como uno...

Superamos la pasión,
somos almas sin materias,
corazones desnudos...

Estamos desnudos,
desnudos los dos;
desnudez de alma y corazón...

Y mi pecho es un mar,
un mar vibrante, sonoro;
custodiando este secreto...

Mi pecho es un mar,
en el que toco fondo
cuando te recuerdo.

Floto de nuevo y evado,
vuelvo a este mundo;
vuelvo a mi otra realidad.

Te amo...
Y esto no es ficción.

Unar Idycula
(Sobre todo este poema es muy, muy atemporal)

domingo, 11 de agosto de 2019

7- Olvidándose del Guión (De la saga Conversando con Trinity)



Llevaba muchos días sin ver a Trinity. La última vez que la vi, además de dejarme de nuevo en espera del último tema de conversación; me insistió que estuviese pendiente de mis sueños, y de que apuntase todo aquello que recordase al despertar… No sólo comencé a hacerlo, sino que también lo hice con sueños del pasado.

Mis sueños casi siempre han sido muy nítidos, al escribir ese pasado onírico, me di cuenta de que a muchos de los mismos le seguían vivencias similares en esta realidad. No entendía nada, pues aquello no podía explicármelo desde todas las teorías acerca de los sueños. Siempre he tenido la percepción de que hay algo más allá de lo que nos cuenta la psicología y algunas corrientes místicas y/o esotéricas. Así que, al no tener respuestas que me aclararan el misterioso mundo onírico; siempre he terminado aparcando las preguntas en relación a ello.

Estaba yo imbuida en mis pensamientos relacionados a mi mundo onírico, pero ¿Por qué se me había ocurrido llamarle así? Mientras más intenso el deseo de conocer, de tener respuestas; más fuerte se me hacía la sensación de que podía sacarlas de alguna parte de mi misma. Entonces me quedaba largos ratos diciéndome «lo sé, lo sé, solo que no lo recuerdo». El móvil sonó, di un salto, era Trinity.

―Hola Unar, qué tal todo.

―Bien ¿Y tú?

―Muy bien amiga mía; ahora mismo acaba de finalizar mi 7ª etapa de vida, y doy inicio a la mejor versión de mí misma. ¿Recuerdas que ya habíamos hablado algo en relación a esto?

―Sí, claro que lo recuerdo.

Pues eso de la mejor versión de ti misma suena estupendo, la frase da para mucho.

―Pues quedamos y te cuento…


Trinity y yo quedamos en la Puerta de Sol. Llegamos casi al mismo tiempo, y entramos a la cafetería más cercana. En este punto de nuestros encuentros; ya era yo consciente de que ella no iba a seguir un hilo estructurado de los temas que compartía conmigo, y que tampoco, cuando decía «ya te lo contaré en otro momento»; significaba que me lo diría la próxima vez que nos viésemos. Así que me relajé, abandonando la idea de seguir hablando del tema anterior, intuyendo que lo retomaría de alguna manera imprevista; y esto la verdad me gustaba, pues nunca sabía por donde saldría su conversación, y ni siquiera podía imaginar la respuesta que daría a alguna de mis interrogantes e inquietudes. Pero, como me adelantó aquella frase de la mejor versión de sí misma; me apresuré a preguntarle cuales eran las características de una persona que representaba su mejor versión como ser humano. Ella se quedó por unos segundos mirando su café, comenzó a hablar sin prisas…

―Cuando un ser humano comienza su despertar cognitivo y espiritual; piensa de otra manera. Sus reflexiones lo llevan a centrarse en su personalidad, en la autoobservación de sus debilidades, de sus egos. No se siente un héroe, ni que tiene una misión que cumplir. Sabe que estas dos últimas ideas no son parte de su verdadera conciencia; sino que lo son de su personalidad sustituta.

Se da cuenta de que las personas que le rodean, y con quienes interacciona son parte de su aprendizaje diario para con él mismo, no persigue ni se siente mejor que los demás, ni se esfuerza en  llamar la atención. Busca y encuentra crear vínculos de comunicación flexibles, armoniosos y abiertos.


Recuerda y recupera información de su memoria original, accediendo a los contenidos de su verdadero programa de vida, donde ve claramente lo que debe hacer y con quienes debe vincularse para en unidad, sin proyectar estructuras o liderazgos, dar comienzo a la transmisión colectiva del conocimiento negado y ocultado a la humanidad durante milenios.
Conoce  como mantenerse unido y sincronizado con la población planetaria.  Está atento a sus pensamientos. Dentro de ellos no han de existir indicios de ambición, poder o de supremacía, se considera igual a los otros, al haber comprendido que él ante cualquier situación es un ciudadano planetario, es decir no reniega ni se avergüenza de ser un humano 3D; porque sabe que era la única forma de ingresar a esta dimensión para estar dentro de la prisión Holograma Tierra.

Tiene claro porque está dentro de la prisión Holograma Tierra, y como debe seguir subsistiendo dentro de ella hasta que los demás humanos portadores de programas de vida similares sean activados.

 Inicia el camino de ser su propio aprendiz, hasta que llegue el momento de ser maestro de la verdadera vida. 

Ha dejado de necesitar maestros y mensajeros.

―Me parece que yo aún estoy muy lejos de ser ese tipo de humano… ¿Pero qué finaliza como etapa en tu vida?  ¿De qué forma das inicio a la siguiente? ¿Por qué el modelo de vida que llevas ahora mismo no te sirve para ese desarrollo humano que mencionas? ¿Qué pasará con las personas con quienes tienes vínculos? Pareja, familia… «Trinity me expuso su visión de las relaciones humanas en este mundo, pero en particular de su caso, y de como había ido a parar donde estaba, y con las personas que ahora mismo representaban sus vínculos y sus formatos de vida».

Trinity me dijo que había cometido errores, haciendo elecciones desde la inconciencia, movida por su autómata o personalidad sustituta. Que su vida desde niña había sido muy intervenida, como ha sido y es influida prácticamente toda la existencia en este planeta. Pero que ahora se daba cuenta del porqué  y como, que ahora podía encajar muchísimas piezas del puzle…

Había superado la negación que por muchos años experimentó, negándose a aceptar a estar aquí, a vivir en este mundo; conociendo en parte los motivos que tuvo para entrar a este planeta una vez más, regresar aquí cuando ya había podido salir de esta 3ª dimensión. Ahora lo entendía.

También observaba que muchas elecciones que hizo en el pasado en relación a su actual modelo de vida; no las hizo desde una verdadera conciencia. Me dijo que volvió a sentir algo parecido a lo que sintió cuando sobre los tres años fue desconectada de su origen, para ser formateada y adoctrinada según las líneas programáticas de este mundo. Me dijo:

―Imagina que un día despiertas en tu cama, tu casa, tu pareja; pero ya no eres tú, no que pierdas la memoria de esa vida que has llevado, ni de las personas con quienes la compartes, no… Sino que hay algo en ti que te dice que esa no es tu verdadera vida, que has estado viviendo un programa que no te pertenece. Que es hora de que comiences a prepararte para ejercer tu verdadero programa de vida.

Empieza allí un proceso de reacomodación, porque en ti misma percibes con definición a dos seres habitándote, antes no, antes te desenvolvías la mayoría de las veces de forma automática, aunque no del todo inconsciente, más bien desde una semiinconsciencia, pero lo suficientemente densa como para anular a la otra.

Se activa una lucha interior, han sido muchos, muchos años de programación. Haces una evaluación, un autoanálisis profundo de tu historia personal; puedes observar en cada etapa de tu vida, como has sido intervenida y conducida desde tu autómata. Observas también como las veces que te rebelaste a seguir ciertos guiones sociales o culturales; momentos en los que se impuso un poco de tu luz y tu conciencia real, después de ciertos actos de anarquía consciente; eras castigada, saboteado tu desarrollo y bienestar de muchas maneras para ser reconducida…

viernes, 26 de julio de 2019

6- La Desconexión 2ª Parte (Relato de la saga Conversando con Trinity)



(Relato de la saga Conversando con Trinity)
Entregas anteriores AQUÍ

Otraocy apareció en aquella esquina, cuando yo ya me disponía a regresar a mi casa después de un intenso y agotador día. No la esperaba, no habíamos quedado para vernos, es más, llevaba muchos días sin saber de ella, no contestaba a mis llamadas. Ya estaba yo pensando que había  sido abducida por alguno de los personajes de los sucesos que me narra. Sin más preliminares me pregunto «¿Tienes tiempo?».

―Sí, pero si no te importa preferiría que fuésemos a  mi casa.

―No es conveniente que yo entre en tu casa.

―¿Por qué, qué pasa?

―Ya te lo diré más adelante, solo te contaré unas cuantas cosas, seré breve.

La verdad es que ya eran demasiadas respuestas para más adelante, pero os aseguro que las tengo apuntadas. Entramos a una cafetería en la Plaza de Sol. Le pregunté que donde se había metido todo este tiempo, me contestó que yo no era la única con quien conversaba y que las cosas se habían complicado con otras personas; que básicamente había dejado de verme para protegerme. «¿Protegerme? ¿De qué, de quienes? Vale, no digas nada, no puedes decírmelo y ya me lo dirás más adelante». 

―Pues eso mismo, pero ya puedes conocer mi verdadero nombre, me llamo Trinity.

―¿Me has dado un nombre falso?... Vale, vale, no pregunto, ya sé lo que dirás... Estábamos con el tema de la desconexión, me has dejado pensando mucho en esto, pero no me lo has contado al completo. Quedaste en explicarme mejor esta experiencia.

―Pues bien... Todo lo que te estoy narrando, no son más que mis propias experiencias; vistas a la luz del conocimiento que progresivamente se me ha acercado. Pero no siempre ha sido así, es decir, antes sólo existían todas estas vivencias que generaban en mí muchas interrogantes, además frustración y confusión al no saber interpretarlas. No pretendo ser protagonista de nada; sólo percibo y siento que debo comunicar todo esto, pero no de una manera teórica, ni como “un copia y pega” de lo que se me transmite, y que siento como certezas  resonantes en mi corazón.

El conocimiento verdaderamente consciente y humano, nos pertenece a todos; no existe un propietario o custodio que deba atesorarlo como suyo, haciéndolo registro de su propiedad y autoría. Así que cada persona transmisora del mismo, no es ni autora ni propietaria, y esas personas simplemente están al servicio de una red en cadena, en la cual de unos a otros se va pasando el testigo de dicho conocimiento. El trabajo consiste en ayudar a que otros también se vayan haciendo conscientes.

Así que sólo soy la autora y protagonista de las experiencias que te narro, y que el conocimiento consciente del que te hablo, me permite ahora comprender e interpretar; haciéndolas constructivas, primero para mí misma, y luego al servicio  de quienes resuenen con todo esto, aunque sea mínimamente; porque sienten dentro de sí mismos la inquietud de que nada es lo que parece, ni nada es como nos lo cuentan y siguen contando. 

Tú eres una de esas personas; pero como nada se escapa a la vista de los gestores planetarios, siempre habrá interferencias y saboteos para impedirlo, esto es lo que ha estado sucediendo por estos días, en los que era imposible conectar contigo sin que corrieras peligro. Voy ahora a hacerte una pregunta ¿Estas totalmente segura de que quieres seguir recibiendo esta información? Has accedido a escucharme porque pensabas que me ayudabas con algo relacionado a una edición o publicación, pero no es así. Es el momento de que sepas realmente en que planeta vives. ¿Quieres saberlo?

―Me haces esta pregunta porque ya conoces la respuesta. Lo has dicho tu misma, es mi momento; has sabido observar que no fue antes, y que es ahora. Pues sí, quiero. Pero que hay de especial en mí para que te ocupes en ello, o esos que desconozco quienes son, quieran evitarlo.

―Debes evitar por todos los medios sentirte especial o superior en relación a otros. Hay muchos y muchas, no eres especial por esto. Precisamente; cuando alguien en actitud de maestro o maestra se te acerque "enjabonándote el ego" con eso; pon en cuarentena sus intenciones. Te lo digo igual que todo lo demás, por experiencia; me ha pasado una vez, y cuando caes en la trampa de la superioridad espiritual, es complicado salir de ella, pues es un ego muy potente que te impide observar quien eres realmente.

―¿A ti te ha pasado?

―Sí, he sido tan mundana como cualquier otro; y es posible que esa pared que tenemos allí en frente, esté más consciente de lo que yo estuve alguna vez. Lo único que me ha diferenciado del resto, es haber nacido con algún "driver diferente en mi ordenador", es decir en mi cerebro; esto por muchos años sólo me generó sufrimiento y soledad. Pero ya no, esto es pasado... Debo ausentarme por un determinado periodo de tiempo, pero volveré a conectar contigo. Sólo te digo que estés atenta a tus sueños.

―¿A mis sueños? ¿Y me dejas sin aclararme el tema de la desconexión? Pero...

―Sí, a tus sueños, apúntalos. 

Continuará...