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domingo, 30 de septiembre de 2018

Jeff Foster

Ha llegado a mi este texto con el cual me identifico plenamente:

Nadie respira por ti. El corazón de nadie late por ti. 
Las palabras y actos de los demás podrían liberar 
sentimientos de dolor, tristeza, vergüenza 
(o felicidad) en ti, pero sólo se trata de sentimientos
que ya se encuentran dentro de ti. No han sido
“causados,” sino liberados. Siéntelos plenamente, 
déjalos fluir a través tuyo; ellos quieren moverse.

Eres inocente; los sentimientos no son castigos, 
aunque se sientan intensos, incómodos o como una
“amenaza” en un principio.

Observa la mente ahora; quiere encontrar a alguien
o algo “culpable” de estos sentimientos difíciles, alguien
que sea el “malo.” La mente echa a andar inmediatamente
la historia de una víctima, y así es como te desconectas
de tus sentimientos, de tu respiración, de tu precioso 
cuerpo y su hogar: del momento presente; buscando 
causas, castigo, venganza. La mente ataca a los demás, 
o se da la media vuelta para atacar tu propio núcleo. 
Nada de eso es necesario; pero permite el impulso, también.

Por ahora, por favor, no abandones tu precioso cuerpo. No te
desconectes tratando de saltar por encima de tu propia
experiencia. No eres ningún inútil. Mantente enraizado 
en la respiración. Ofrécele un santuario a cada sentimiento 
liberado, a esa parte lastimada. Crea un espacio para el 
que tiene miedo, para el que se siente triste, para el que 
está decepcionado. Expándete, eres un océano, y deja que
las olas de sentimientos vengan.

En este momento tú eres realmente responsable; capaz 
de responder al sentimiento y a la situación conscientemente 
y con presencia, en lugar de reaccionar automáticamente, 
habitualmente, sin consciencia. 

Desde este lugar de presencia, podrás seguir expresando tu
verdad, decir sí o no, pedir lo  que quieras, irte, quedarte, 
compartir tu experiencia o no, todo sin culpa. Pero ahora,  
nadie estará controlándote y tampoco estarás tratando de  
controlar a nadie. 

No hay nadie con quien molestarte y nada  de que avergonzarte.  
Tú no eres una víctima; estás establecido 
en tu propio poder, en la Tierra.

Tu sentido de autoestima no depende de lo que nadie haga, 
diga, piense o quiera. No eres ni peor ni mejor que nadie en
este planeta; tú eres la misma Vida, tan vivo como cualquiera, 
conectado con lo que es real.

No eres una víctima porque estás profundamente 
conectado a ti mismo, dándole la bienvenida a tus 
pensamientos y sentimientos, honrando tu camino, 
inclinándote humildemente ante el sitio donde estás 
parado Ahora.

Poseyendo el suelo, tiernamente.

Jeff Foster

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