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sábado, 21 de julio de 2018

Al Pueblo Cubano


Escribí este poema en el año 1992, después de  una estancia de unas casi tres semanas en Santiago de Cuba, estuve allí a razón de un festival internacional de coros,  con el Orfeón Universitario de la Universidad Cecilio Acosta de Maracaibo, en el cual cantaba. 

Nunca imaginé que algún día mi propio  país entraría en una situación similar...

He regresado llena de ti,
de tus ojos, de tus carencias;
todavía llevo en mis manos el calor de las tuyas,
y tu rostro me persigue suplicándome un recuerdo;
para sentir que sigues vivo lejos de tus fronteras.

Tus ojos dibujan tu corazón,
grande, hermoso y sensible,
tu sencillez armoniza  tu inteligencia.

Han silenciado tu voz,
mas no tu mirada,
 que expresa tu sonora grandeza.

Eres un inmenso mar de amor y de tristeza,
de una tristeza que despierta mi memoria,
de un amor que es la certeza de tu espíritu;
 libre y travieso aunque vivas entre rejas.

Por tus calles corre el sentimiento
y aunque en silencio tu voz,
tu mirada sonora clama libertad.

Jamás olvidaré el calor de tus manos suplicantes,
las que tantas veces estreché percibiendo tu ansiedad,
en el sudor amargo de unos dedos que sufrían mi partida.

Cuando llegue tu libertad completa;
 nunca perderás la sencillez de tu alma, 
ni la libertad que expresas cuando cantas,
ni la libertad que cuando amas entregas.

Unar Idycula 
 -Retorno de Santiago de Cuba-

 -1992-




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